Gran Logia Simbólica Española

Discurso de la Gran Maestre Nieves Bayo en la clausura de la Gran Asamblea de la Orden, celebrada en Tarragona.

Nieves Bayo, Gran Maestre de la GLSE desde 2012

ANTE LA ASAMBLEA GENERAL DE TARRAGONA, 10 DE JUNIO DE 2017

 

Contentos y satisfechos

V.·. H.·. Presidente de la Asamblea, Dignidades que decoráis el Oriente,

QQ.·. HH.·. y QQas.·. HHas.·.:

Esta es la última vez que me dirijo a la Asamblea General de la Gran Logia Simbólica Española como Gran Maestre de nuestra Obediencia. Dentro de un año estará aquí de pie otra persona, aún no sabemos quién, que entre todos habremos elegido como octavo Gran Maestre Presidente de la GLSE. Nos explicará, sin la menor duda con toda su ilusión y sus ganas de trabajar, qué piensa hacer, cuáles son sus planes, sus proyectos y sus sueños. Eso mismo hice yo hace cinco años, en la Asamblea General de Valladolid. Y es verdad que aún me queda un año entero de trabajo, que sin la menor duda va a ser duro y difícil, como lo han sido los otros cinco. Pero a ninguno de nosotros se nos oculta que esto de hoy es una despedida.

No estoy cansada.Y no lo estoy porque no tengo derecho a estarlo: quedan aún muchas cosas por hacer.  Pero de momento no puedo permitirme estar cansada, no tengo tiempo para eso.

Desde el día mismo de mi Iniciación, yo he entendido la Masonería como un servicio a los demás. He dedicado todos estos años a trabajar, como solemos decir, “en bien general de la Orden”. Y creo de verdad que nadie podrá hoy decir que me he quedado sentada viendo pasar los días  Me podréis reprochar mis errores, que los he tenido, como le pasa a todo el mundo que trata de hacer algo; porque el único que jamás se equivoca es el que no se mueve y el que no levanta la voz más que para quejarse de lo que hacen los demás. Pero nadie podrá decir de mí que me han faltado ganas de trabajar, ni energía, ni determinación, ni sinceridad en lo que he dicho y en lo que he hecho. Todos me conocéis y sabéis que tengo muchos defectos; pero estaréis de acuerdo en que el de ver los toros desde la barrera, y nada más que desde la barrera, no está entre ellos.

También sabéis todos que este trabajo que me encargasteis hace cinco años, el más duro y difícil que he hecho en toda mi vida, no lo puede hacer una persona sola. Me habéis oído repetir incontables veces que el trabajo masónico, el desarrollo de nuestra Gran Logia y la propagación de los principios de la Masonería, o lo hacemos todos juntos o sencillamente no se hará; y los masones españoles nos quedaremos, más temprano que tarde, como un párrafo más, y no largo, en el voluminoso catálogo de organizaciones curiosas y grupos raros . Ese todos juntos ha sido el leit motiv de mi mandato, la frase que nunca ha faltado en todo cuanto dije desde el principio, fuese donde fuese y ante quien fuese. Ese todos juntos ha sido mi mayor empeño, también lo sabéis todos.

Ese y el de que sepamos, de nuevo todos, para qué y sobre todo por qué estamos aquí. Por qué hemos elegido ser masones, con lo difícil que es eso, y no cualquier otra cosa de las muchas que se han inventado para tranquilizar conciencias; cualquier otra cosa que fuese más sencilla, que exigiese menos compromiso, menos esfuerzo personal y colectivo, que no se comiese tan hambrientamente la inmensa mayor parte de nuestro tiempo libre (algo que, podéis creerme, yo no sé ni lo que es desde hace muchos años) y, por decirlo de una vez, que otorgase un mayor reconocimiento y prestigio social. Porque hoy es el día en que, casi 42 años después de la muerte de aquel señor que tanto daño nos hizo y de cuyo nombre no quiero acordarme, la gente sigue poniendo cara de susto cuando se entera de que uno es masón. Cuatro décadas largas después, se me ocurre que alguna culpa debemos de tener también nosotros en que eso siga siendo así.

Todos juntos. ¿Se ha conseguido ese objetivo? Mi opinión personal, que vale tanto como la de cualquiera de vosotros y nada más, es que sí hemos avanzado en ese empeño de fortalecer nuestra Gran Logia. Pero no lo suficiente. Si hemos llegado hasta aquí, si hoy puedo decir (y es verdad) que me siento contenta y satisfecha del trabajo realizado y del salario recibido, ha sido gracias a la asombrosa generosidad de muchas personas que se han dejado la piel, las noches en vela  para que el trabajo saliese adelante.

Tengo un carácter fuerte, esto también lo sabéis todos. De no haberlo tenido, no habría logrado llegar hasta aquí. Sabía desde el principio que, a causa de ese carácter y de la terca manía de decir lo que pienso, no iba a contar con el afecto personal y la amistad de algunas personas. Lo sabía y me parecía muy bien, porque desde el día de mi iniciación tuve claro que aquí no venimos a hacer amigos sino a hacer hermanos, que es cosa, por fortuna, muy distinta. Pero hoy digo bien alto que estoy orgullosa de haber contado durante todos estos años con la lealtad, la colaboración y desde luego la ayuda fraternal de una gran mayoría de los Hermanos y Hermanas de nuestra Obediencia. Les cayese yo bien o no. Sintonizasen con mi carácter o no. Estuviesen de acuerdo con mi forma de pensar o no lo estuviesen. Y mi orgullo se basa en que se comportaron como auténticos masones. Y por eso trabajaron muy duro, no porque me quisieran a mí, que eso en realidad daba lo mismo, sino porque querían y quieren a la Gran Logia; porque querían y quieren a la Masonería. Que es lo que importa.

Las personas pasamos,  el trabajo, sin embargo, permanece. La lealtad entre nosotros no puede ni debe ser jamás personal (aunque cuando esa lealtad llega sea muy hermosa), porque eso se puede romper: el cariño, el amor y la amistad no suelen durar para siempre, como tampoco dura la vida. La lealtad ha de ser, entre nosotros, institucional. Nuestro trabajo no se hace por afecto hacia nadie concreto sino en Bien General de la Orden. Los masones venimos de muy lejos y vamos muy lejos también; no estamos para quedarnos aquí, en el breve hoy, con los amigos, y si los amigos no nos hacen caso, nos vamos.  Por eso estoy orgullosa esta tarde. Porque tengo la clara conciencia de que hemos ido hacia delante y lo hemos hecho gracias al trabajo de una gran mayoría; de los hermanos y hermanas que trabajan en sus logias, cada cual en la suya pero todos a la vez (de mediodía a medianoche, ¿os dais cuenta de lo que significa eso?) y con la vista puesta en el mismo sitio, que es el futuro común, el tallado de la piedra que cada cual es y el sueño de una humanidad más libre, más igualitaria, más fraternal, más digna y sobre todo más justa. Creo que también es legítimo decir que esa gran mayoría de nuestros hermanos y hermanas también ha trabajado, y muy duro, por la consolidación de la Gran Logia. Y lo seguirán haciendo. La presida quien la presida: eso, en realidad, no me parece esencial. Un director de orquesta puede hacer que la obra que interpreta suene de un modo o de otro, pero sabe perfectamente que sin orquesta no hay música. Él es importante; pero los indispensables son todos los demás. Esos demás que, en nuestro caso, a veces ni siquiera se conocen entre sí.

 

No es el momento ahora de hacer las cuentas del Gran Capitán; sería fácil recordar por lo menudo y en detalle el cambio de sede de la GLSE, el crecimiento numérico y económico, la aún no concluida reforma de los Reglamentos Generales, el nuevo Ceremonial, el aumento del número de Logias, las decenas y decenas de intervenciones públicas y de participación en foros internacionales para defender los valores de la Masonería; y sobre todo la puesta en marcha de ese fundamental, indispensable Plan General de Formación que justificaría, por sí solo, todo un mandato, y que empezará a dar frutos dentro de algunos años.

Y lo mejor de todo: me despido… para seguir trabajando todos los días allí donde mis Hermanos me necesiten. Ojalá todos nosotros, y todos aquellos a quienes representamos, puedan decir lo mismo hoy, y el año que viene, y el siguiente, y así hasta que nos alcance la vida.

Gracias a todos.

He dicho.

Nieves Bayo, Oriente de Tarragona, 10 de junio de 2017.

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