Gran Logia Simbólica Española

ENTREVISTA CON EL GRAN MAESTRE DE LA GLSE

GRUPO VOCENTO/ JAVIER GUILLENEA

Decepciona un poco hablar con Xavier Molina. No es nada personal, es simplemente por lo que dice, que no está a la altura de lo que se espera. Resulta que ahora los masones no quieren controlar el mundo, guardan los mismos secretos que la receta de un filete a la plancha, tienen el mismo poder que un profesor de prácticas en Secundaria y ni siquiera adoran al diablo ni al gran arquitecto, ser supremo, diosa razón o similares. Resulta que son normales, que siempre lo han sido, que lo único que intentan es ser mejor personas sin molestar a nadie.
El farmacéutico Xavier Molina es uno de ellos. Tiene 45 años y pertenece a la logia Descartes de Barcelona. El pasado mes de febrero fue elegido Gran Maestro de la Gran Logia Simbólica Española (GLSE) que es, por su tamaño, la segunda organización masónica en nuestro país. La primera es la Gran Logia de España, integrada por 3.000 personas aglutinadas bajo el paraguas británico, donde nació la masonería en el siglo XVIII. La GLSE, que tiene como referente al Gran Oriente de Francia, desgajado en 1887 de la tutela anglosajona, cuenta con 750 miembros.
La Gran Logia de España es la más conservadora. Mantiene entre sus normas la creencia en un dios creador del universo y la prohibición de admitir mujeres. Por el contrario, la GLSE es mixta y a sus integrantes no se les pide que crean en una verdad revelada. «Buscamos gente normal con motivaciones intelectuales y que no sea dogmática», dice Xavier Molina.

– ¿A un masón se le puede reconocer por la calle?
– Debería.

– ¿Por su aspecto misterioso?
– Porque sabe escuchar, porque habla cuando le corresponde y por su paciencia. Por lo menos en esos aspectos sí que buscamos que se note que la persona es masona.

– ¿No aspiran a controlar el mundo?
– No somos ministros ni banqueros, ni influimos en el desarrollo del mundo. Entre nosotros hay operarios, médicos, jubilados…, de todo. En las reuniones no hay diferencias, todos somos iguales. Solo buscamos gente normal con motivaciones personales

– ¿Y la confabulación judeomasónica?
– La masonería española está en pañales porque Franco la prohibió y la reprimió durante toda la dictadura. Dedicó muchos discursos a hablar de las conspiraciones masónicas y eso dañó nuestro nombre.

– Algo quedó de eso. Aún hoy se les mira con recelo.
– En nuestro entorno hay mucha ignorancia sobre lo que es la masonería y eso es un lastre muy importante para tener un crecimiento normal como lo tienen los países de nuestro entorno.

– Entonces, ¿no conspiran?
– La masonería ni conspira ni intenta cambiar ningún gobierno. Como organización no actuamos a nivel social ni político. De hecho, lo tenemos prohibido.

– ¿No tienen ustedes algo de culpa en ese desconocimiento social del que habla?
– Es cierto que hemos estado muy encerrados. Nosotros no hacemos proselitismo ni campañas de publicidad, y yo creo que eso está bien. Al final lo que buscamos es que la gente entre porque está convencida de entrar en la masonería y está informada de lo que es. Las técnicas de captación están completamente prohibidas para nosotros. Por otro lado, somos totalmente transparentes, tenemos nuestras páginas web, se nos puede localizar y se puede contactar con nosotros. Tampoco es que estemos ocultos, aunque es verdad que posiblemente no nos damos a conocer lo suficiente.

– ¿Pero no son una sociedad secreta?
– Esta es la típica pregunta. No somos una sociedad secreta, estamos en internet y nuestros locales son públicos. Lo que no nos gusta mucho es la publicidad, eso sí que es cierto, pero no somos secretos. Tenemos una tradición de ser reservados porque lo que pretendemos cuando una persona va a nuestras reuniones es que pueda expresarse con total libertad. Lo que hacemos en el templo o lo que la gente está diciendo en las tenidas, que es como llamamos a las reuniones, no lo podemos explicar fuera. No podemos explicar las opiniones de otros porque cada uno tiene que poder hacer su trabajo con libertad. Cada persona tiene que poder expresar sus ideas sin que se sienta juzgada.

– ¿No suena un poco a terapia de grupo?
– No vamos a las reuniones a contar nuestros problemas personales. Sencillamente intentamos que las personas crezcan a nivel interior y que luego puedan aportar algo a la sociedad.

– ¿Cómo lo consiguen?
– Cualquier persona que entre en la masonería busca enriquecimiento personal y tiene que recorrer su camino. Lo que damos son herramientas pero no guías, que es muy distinto. No tenemos un manual de cómo una persona puede desarrollarse interiormente. Tenemos unas herramientas simbólicas que no tienen una interpretación exacta.

– ¿Qué herramientas son?
– Nuestra simbología se basa en los constructores de las catedrales medievales. Usamos el cincel, la plomada, la escuadra, el compás o el mazo para reflejar la construcción de nuestro templo interior. Se trata de hacer un trabajo filosófico, de preguntarte qué te está diciendo esta herramienta a ti como persona, sin buscar un significado dogmático.

– ¿Y qué nos puede decir?
– Un ejemplo es la piedra bruta y la pulida. La primera somos todos nosotros, que tenemos que pulir nuestro interior y llegar a la perfección. Para eso contamos con el martillo, el cincel, el compás y todas las herramientas para pulir. La piedra pulida es un reflejo de la necesidad de perfeccionamiento que tiene cada persona. Somos eternos aprendices porque siempre tenemos un camino de mejora y de perfección.

– ¿Cómo son sus reuniones?
– No tienen nada de oculto. Siempre hay una parte inicial ritualística que nos ayuda a desconectar de nuestra vida normal, a la que llamamos el mundo profano, para centrarnos en uno mismo y en el grupo de personas que está allí. Después hacemos la lectura de dos planchas, que son trabajos de los miembros del taller y pueden ser simbólicos, sobre una de las herramientas, o libres, sobre un tema social o lo que sea. Estos trabajos siempre se comentan de forma muy respetuosa para no ofender a nadie. Acabamos al final con un cierre que también es ritualístico. Hay una cadena de unión y nos damos las manos para fomentar la fraternidad . No hay nada más, no hay nada oculto.

– ¿De qué hablaron en la última tenida?
– Hubo una plancha sobre las redes de transporte y un hermano las comparó con la complejidad o la sencillez de una pieza musical. En la otra se habló de los contrarios y del sueño ajedrezado.

– Parece complicado.
– La persona que hace el trabajo está hablando de lo que a él le interesa. Intentamos que el lenguaje empleado esté al alcance de cualquier persona. Evidentemente hay un componente intelectual importante pero no buscamos gente con grandes conocimientos. Los estudios no importan, lo que importa es si la persona tiene motivaciones intelectuales.

– ¿En su logia de Barcelona hablan de la independencia?
– El “procés” influye, pero no tratamos los temas de política y de religión. Hay otros muchos temas en los que podemos trabajar y que no dividen. Lo que tenemos que buscar es lo que une, por eso no tocamos el tema de la independencia.

– ¿Un masón lo es para siempre?
– Una persona que se ha iniciado ya lo ha hecho una vez, no se inicia dos veces. Si vuelves a pedir la entrada, lo harás como masón. Para nosotros un masón lo es siempre.

– ¿Y si quiere dejarlo?
– Irse es muy fácil, es tan sencillo como enviar un correo electrónico diciendo ‘me quiero ir’. Nosotros no preguntamos.

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