Gran Logia Simbólica Española

EL GRAN MAESTRE, EN LA UMM: “DEBEMOS PASAR A LA ACCIÓN”

Esta es la intervención completa del Gran Maestre de la Gran Logia Simbólica Española, Xavier Molina Figueras, en el XIX Encuentro de la Unión Masónica del Mediterráneo (UMM), que se acaba de celebrar en Lisboa y que ha reunido a las Obediencias masónicas liberales de los países mediterráneos:

Querido Hermano Presidente de esta Asamblea,
Queridos Hermanos y Hermanas:

En primer lugar, quisiera agradecer a los organizadores de esta asamblea el tiempo dedicado y la fraternidad que nos han mostrado durante toda la jornada.

Es cierto, debemos pasar a la acción. La mayoría de nuestras Obediencias participan en múltiples foros masónicos internacionales. Una parte significativa de los presupuestos de nuestras organizaciones se dedican a esta labor. Eso nos permite obtener el debido reconocimiento internacional. Nos reconocemos como hermanos e hijos de la viuda. Nos abrazamos en fraternidad internacional. ¿Estamos realmente satisfechos con ello? Seguramente no.

Particularmente os confieso que yo me inicié en Masonería para actuar en la sociedad dentro de una organización. Siempre he pensado que formamos personas, y que son los individuos quienes deben actuar mejorando la sociedad. Tenemos numerosos ejemplos de ello en nuestra larga historia. Aun así, todos nos preguntamos si podemos hacer más ante los retos que tenemos frente a nosotros. Son muchos, pero dejadme que os haga otra confesión: soy optimista. Sin duda podemos poner de manifiesto que son muchas las personas que no tienen lo más esencial para su vida, pero también que las cuotas de bienestar que se han alcanzado son un hito en la historia de la humanidad. ¿Debemos estar satisfechos? Pues creo que sí. ¿Debemos conformarnos con ello? Pues sinceramente, no.

Uno de los retos más inmediatos es la inmigración por causas económicas y políticas. Las posibles soluciones no son ni rápidas ni sencillas. Escribirlas en blanco sobre negro sí es fácil. Llevarlas a la práctica es otra cosa. Pero el camino se empieza andando, y aún no hemos dado los primeros pasos. La política europea en este ámbito se ha dedicado a dar apoyo a gobiernos que ofrecieran estabilidad, en muchas ocasiones mirando hacia otro lado en aspectos fundamentales de los derechos humanos. Me pregunto si sería posible hacerlo de otra forma. De forma rápida, posiblemente no. La conocida como “primavera árabe” nos ha mostrado que los cambios requieren tiempo, y que las revoluciones pueden ser el camino más corto hacia el desastre.

Las democracias no se pueden implementar a base de cañones cuando la sociedad carece de las más elementales estructuras que permitan su desarrollo. Nuestro modelo social y democrático ha funcionado en Europa y en otros países, pero posiblemente no es aplicable de forma inmediata en otros. Algunos gobiernos, como es el caso de Egipto, pero también de tantos otros, dejan la educación y la asistencia a los más desfavorecidos, que por otra parte son la gran mayoría, a entidades del ámbito religioso. Sucedió en muchos países europeos no hace tanto tiempo, cuando las organizaciones católicas o protestantes controlaban la educación básica y universitaria, y las monjas hacían la labor asistencial en una gran parte de los hospitales.

Esta ausencia del Estado en el día a día del ciudadano empobrece la libertad de pensamiento. Pero ni siquiera estas organizaciones pueden llegar a todos lados, así que una parte importante de la población carece los más elementales servicios. ¿Puede realmente iniciarse una democracia plena con estas bases? Sí, hay diversos ejemplos de ello, pero las dificultades son enormes.

En mi opinión, debemos fomentar el desarrollo de la educación laica y de modelos sanitarios universales en las zonas y países donde hoy son precarios. Se puede conseguir si en lugar de negociar solo aspectos económicos y acuerdos comerciales bilaterales introducimos en las negociaciones y ayudas al desarrollo acuerdos de colaboración en materias fundamentales para el desarrollo de la sociedad.

Esto no implica que debamos exigir cambios en los gobiernos ni en el régimen establecido, pues, aunque nos pueda parecer lo más adecuado, podría provocar el cierre y el aislamiento del país. Debemos incluir retos de alfabetización, ayudas en formación de profesorado, cooperación con universidades, programas de salud que no sean solo asistenciales.

Por ejemplo, la creación de una red de escuelas laicas, no para las elites del país, sino para las clases más pobres. Centros de asistencia sanitaria elemental estables, no solo durante las crisis. Una mínima normativa laboral en las empresas que quieran exportar a la Unión Europea. Fomentar los intercambios de estudiantes con programas parecidos al Erasmus, pero enfocados a los países de la ribera mediterránea.

La primera piedra para la construcción del puente del Mediterráneo la tiene la Unión Europea. ¿Será rápido? Pues no. Ni rápido ni fácil.

La Unión Europea se ha dedicado hasta ahora a financiar a la guardia costera libia. Con todo esto quiero decir que debemos pasar a financiar las escuelas libias. En lugar de construir muros, debemos crear puentes. Estos puentes tienen tres pilares: la educación, el trabajo digno y la asistencia sanitaria. Nuestro mar es grande y profundo. Cimentar estos pilares será un trabajo ingente, y su retorno nunca será inmediato.

¿Qué podemos hacer durante el largo tiempo de construcción del puente? Soy pragmático. Es imposible acoger un número ilimitado de inmigrantes. Mantener la paz social y el progreso de nuestra sociedad es imprescindible para dedicarnos a la labor de construir. Esto implica que seguiremos manteniendo cuotas de inmigrantes y limitando sus llegadas. Es duro admitirlo, pero no podemos dejar la agenda de la inmigración en manos del populismo y la extrema derecha. No podemos dejar que el populismo dinamite la construcción de los puentes entre las riberas de nuestro mar antes de empezar su construcción. No nos conformamos con el presente y soñamos con un futuro sin fronteras, pero soñamos despiertos y conectados a la realidad de nuestro entorno.

¿Cómo pueden actuar nuestras alianzas masónicas internacionales? Debemos ser un “think tank” o grupo de presión ante nuestros gobiernos y ante la Unión Europea para que los primeros pasos no sean tímidos. Para que la cooperación pase a colaboración, con el máximo respeto a la realidad cultural de cada región. No hay culturas, sociedades ni religiones mejores unas que otras: son distintos modelos de gestión, de gobierno y de ética.

Hablamos de derechos humanos.

He dicho.

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