Gran Logia Simbólica Española

Imágenes de la Asamblea General

Lo que importa

La Asamblea General de la GLSE en Vitoria estuvo presidida no solo por la Biblia, la Escuadra y el Compás, como es tradicional, sino también por la Declaración Universal de los Derechos Humanos, como corresponde a una Gran Logia liberal y adogmática.

 

¿Qué música es esa…?

La música de la Asamblea General estaba integrada por piezas de la Baja Edad Media y del Renacimiento, pero cuando el Gran Maestre electo hizo su entrada en el Templo, todo cambió. Sonó una solitaria trompeta con una melodía que le sonaba a todo el mundo, aunque al principio pocos fuesen capaces de reconocerla. La gran mayoría de los masones y masonas han visto la película The Man Who Would Be King, de John Huston, basada en un relato del hermano masón Rudyard Kipling; en ese filme, la Masonería tiene un papel fundamental. El leit motiv musical de esa película es la canción irlandesa The minstrel boy. Eso fue lo que sonó, en diferentes versiones, durante la entrada al Templo, el juramento y la investidura del nuevo Gran Maestre, Xavier Molina. También en el momento de la clausura de la Asamblea. Puede escucharse aquí: https://open.spotify.com/track/3qqhUfkIoTVTAwJTSsk9Fw?si=-1DwTESoRcSV11qtKAW7Dg

 

La despedida

La Gran Maestre saliente, Nieves Bayo, repasa su discurso de despedida junto a su sucesor, Xavier Molina. Nieves ha dirigido la GLSE durante seis años, a los que hay que añadir otros seis como Gran Maestre adjunta durante el mandato de Jordi Farrerons.

 

La emoción

El nuevo Gran Maestre no puede ocultar su emoción al tomar el relevo de su predecesora, Nieves Bayo. La de Vitoria fue una de las Asambleas más emotivas que se recuerdan en la GLSE. Bayo, VII Gran Maestre (2012-2018), fue la segunda mujer que accedió a la presidencia de la Gran Logia, después de la V, Ascensión Tejerina (2000-2006).

 

El abrazo

Xavier Molina repitió varias veces que el relevo en la presidencia de la GLSE ha sido ejemplar y que Nieves Bayo ha hecho todo lo posible para facilitar la sustitución y el “traspaso de Mallete” más eficaces posible. Del afecto fraternal que une a ambos fue buena prueba el largo, apretado y cariñoso abrazo con que se mostraron el uno al otro su gratitud.

 

Gratitud

Siguiendo una vieja tradición masónica, la Gran Maestre saliente, Nieves Bayo, decidió abandonar la Asamblea después de que su sucesor tomó posesión de su nuevo puesto. El significado simbólico del gesto era no obstaculizar ni mediatizar en absoluto, ni siquiera con su presencia, el trabajo del nuevo Gran Maestre en sus primeros pasos. Pero Bayo no sabía (nadie lo sabía, en realidad) que el Maestro de Ceremonias, que debía precederla en su camino hacia el exterior, decidió hacerle dar, con estudiada lentitud, una vuelta completa al Templo. Todos los presentes rompieron a “aplaudir” en una ovación que duró más de dos minutos, que no hacía más que arreciar y que terminó por sacar lágrimas a los ojos de esta gran masona aragonesa con fama de dura.

 

La medalla

El nuevo Gran Maestre de la GLSE prestó juramento ataviado con el mandil blanco y azul del Rito Francés, en el que trabaja su Logia, Descartes nº 35, de Barcelona. Pero llevaba algo más. Todos los presentes pudieron ver que en el cuello del Hermano Xavier Molina lucía, colgada de un cordón rojo, una hermosa y bien visible medalla que contenía una espiral también roja, una escuadra y un compás. Pocos sabían que esa medalla es la de la Logia Arte Real nº 44, del Distrito Centro. Molina había estado en ese Taller madrileño apenas tres días antes de su toma de posesión como Gran Maestre (fue la última Logia que visitó antes de la Asamblea General). Allí recibió, sin esperarlo, la medalla. Y no dudó en ponérsela para el que, sin duda, habrá sido el acto masónico más importante de su vida.

 

El Aprendiz

Otra de las emocionantes sorpresas de la Asamblea General llegó cuando el nuevo Gran Maestre se dispuso a leer su discurso de investidura. No lo hizo desde la mesa presidencial, como todos esperaban. Y tampoco lo hizo luciendo los emblemas de su recién estrenado cargo. Bajó de la presidencia, se despojó del mandil y del collar de Gran Maestre y se ciñó a la cintura un sencillo mandil blanco de Aprendiz francmasón. Luego pidió que lo condujesen al lugar del Templo en el que los Aprendices (y todos los demás) leen ante los hermanos y hermanas sus trabajos y sus reflexiones. Y allí, sintiéndose y llamándose a sí mismo Aprendiz, leyó su discurso, que puede leerse íntegro aquí. No será fácil olvidar ese elocuente gesto simbólico.

 

A trabajar

El VIII Gran Maestre sonríe por fin, después de varios días de poco descanso, mucha emoción y, esto sobre todo, muchísimos nervios. Sus primeras palabras no fueron tan solo una colección de buenas intenciones y mejores deseos. Trazó un plan concreto, realista y enormemente ambicioso que, como dijo, necesita de la ayuda y la colaboración de todos para tener éxito. Es evidente que cuenta con ello.

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